RE-ENCONTRARSE…
Que si espiritualidad, interioridad, meditación, karma, zen,
mindfulness… y demás productos
procedentes de Asia que, con la facilidad de un todo a cien, se están insertando en nuestra
sociedad. Todos ellos nos llaman a encontrarnos con nosotros mismos a través de
escuchar una voz interior que nos dé respuestas a las preguntas
esenciales (o transcendentales) en nuestra vida, y que sin saber el porqué, generalmente, esa voz
siempre calla.
Pero a veces para dar respuesta a esas preguntas lo mejor es
reencontrarse. Forzar reencuentros o que surjan de forma casual. Y, a partir de
ahí, al encontrarse con esa persona que
dejó tu vida hace un mes, un año o una década desandar el camino de la memoria
hasta llegar al lugar que compartisteis, en el que caminasteis juntos, a la
equis en el mapa del tesoro. A su lado, en ese momento, al mirar hacia atrás
descubres quién fuiste, cómo has cambiado desde ese día, qué errores volverías
a repetir. También te encuentras con quien fue él (o ella) en tu vida, y ves el
vacío que dejó al marchar. De esta forma comienzas a valorar aún más lo breve del encuentro porque quizás sabes que puede ser el último, y
que tras la despedida tu voz interior volverá a callar.
Supongo que llegará el día en el que nos reencontremos con
Jesús, con Paula, Cayetano, María o con
cualquiera que está intentando dar vida a esta obra de teatro. En ese momento
hablaremos de los ensayos, del día del estreno, de los nervios y las risas… pero
mi voz interior se activará y volverá hablarme de la entrega, el esfuerzo y la
ilusión de este grupo de chavales por hacer teatro, por hacer EL FACTOR
INHUMANO.


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